Equivocarnos no nos hace menos valiosos. Forma parte de nuestra condición humana. Incluso quienes admiramos por su fe tuvieron tropiezos, dudas y momentos oscuros.
La diferencia es que no se quedaron ahí: reconocieron sus errores, pidieron perdón y volvieron a levantarse. Este mensaje nos recuerda que la vida espiritual no es perfección, sino humildad, aprendizaje y la valentía de comenzar otra vez.