A veces la vida nos aleja sin darnos cuenta de lo espiritual. Dejamos de sentir esa paz, esa confianza, esa cercanía que antes parecía tan natural. Pero reconectar
no es un salto… es un camino hecho de pasos pequeños. Volver a Dios no exige perfección, solo sinceridad. A veces necesitamos que alguien nos recuerde que la fe también se reconstruye, que la calma regresa, y que lo divino nunca se ha ido: somos nosotros quienes
aprendemos a regresar.