En una relación no todo es amor… hay dos pilares que lo sostienen todo: el compromiso y la complicidad.

Pero con el tiempo, la rutina, el trabajo, lo económico y los hijos pueden empezar a pesar más… y sin darnos cuenta, la complicidad se va perdiendo.

Y cuando eso pasa, algo cambia.

Porque lo que ya no se encuentra en casa… muchas veces se empieza a buscar afuera.

Este fragmento es una reflexión honesta sobre lo que realmente mantiene viva una relación, más allá de las responsabilidades del día a día.

¿Tú qué piensas?
¿Se puede recuperar la complicidad o una vez que se pierde, ya nada vuelve a ser igual?